sábado, 2 de octubre de 2010

bici.







Tengo cierta fijación con las bicicletas.
Quiero que salga el sol para poder enseñarle a Joaquín a montar una,
supongo que es mejor aprender cuando hay sol, si tenemos en cuenta
la cantidad de caídas y de paradas que existen en el proceso, creo que ayudaría un poco
que al menos el día sea algo cálido.
Yo recuerdo vagamente el día que aprendí a montar bicicleta, por lo poco que recuerdo
no debería volver a montar bicicleta nunca más, creo que no existía niña mas descoordinada.
En esa época vivía en Arequipa y era navidad, mis papás nos regalaron unas bicicletas a Maja y a mí, la de Maja tenía rueditas y era blanca, la mía era azul, me hubiera gustado que tuviera rueditas pero no corrí la misma suerte, no se si esa misma tarde o después salimos a montarlas o aprender a montarlas, el asunto es que la calle era en bajada y en algún momento yo me sentía como Leonardo Di Caprio en Titanic cuando de pronto escuché que mi mamá me gritaba que frene y yo perdí el control de mis emociones, porque no fue solamente el control de mis extremidades que no respondían, yo me entregué al destino ahí mismo, pero no fue el destino quien me recibió sino un carro estacionado contra el cual me estrellé de la forma mas ridícula posible, en ese mismo instante me paré, tomé la poca dignidad que me quedaba, tiré la bicicleta a la pista esperando que la atropelle el camión de la basura y se la lleve y me metí a mi casa de muy mal humor jurando a gritos que nunca más volvería a montar una bicicleta en mi vida.
Creo que el berrinche se me pasó al poco tiempo.

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